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𝗘𝗷𝗲𝗰𝘂𝘁𝗮𝗿 𝘁𝗮𝗿𝗲𝗮𝘀 𝗲𝘀 𝗳𝗮́𝗰𝗶𝗹. 𝗣𝗲𝗻𝘀𝗮𝗿 𝗲𝘀 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗮𝗴𝗮.

  • neburfm
  • 14 feb
  • 2 Min. de lectura

En mi experiencia profesional he trabajado con todo tipo de perfiles, pero se pueden agrupar en solo dos:



𝟭) 𝗘𝗹 𝗲𝗺𝗽𝗹𝗲𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗲𝗱𝗶𝗼, 𝗲́𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝘂𝗺𝗽𝗹𝗲.


 - Entrega.


 - Responde correos.


 - Asiste a reuniones.


 - Marca tarjeta (aunque ahora sea virtual).


 - Y técnicamente… no hace nada mal.


 - Pero tampoco hace nada extraordinario. (eso sí, se queja mucho).



𝟮) 𝗘𝗹 𝗲𝗺𝗽𝗹𝗲𝗮𝗱𝗼 𝗲𝘅𝗰𝗲𝗽𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗲𝘀 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗼.


 - No solo ejecuta. Piensa.


 - No solo hace lo que le piden. Pregunta si eso realmente tiene sentido.


 - No solo cumple el proceso. Lo mejora.


 - Ejecutar vs Pensar



El promedio dice: “Así me dijeron que lo hiciera.”


El excepcional pregunta: “¿Y si lo hacemos mejor?”



Uno sigue instrucciones. 𝗘𝗹 𝗼𝘁𝗿𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼́𝘀𝗶𝘁𝗼.



𝗬 𝘀𝗶́… 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗿 𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗽𝗶𝗮𝗿. Hacer lo mínimo vs Proponer mejoras.



El promedio trabaja para que no lo regañen.


El excepcional trabaja para que el sistema funcione mejor, aunque nadie lo esté mirando.



Uno termina la tarea y se va.


El otro detecta que algo puede optimizarse y lo dice (aunque a veces incomode).



Las empresas no despiden a los que hacen lo mínimo. Pero tampoco los promueven.



Reaccionar vs Anticiparse. El promedio espera el problema. El excepcional lo huele venir.



𝗨𝗻𝗼 𝗮𝗽𝗮𝗴𝗮 𝗶𝗻𝗰𝗲𝗻𝗱𝗶𝗼𝘀. 𝗘𝗹 𝗼𝘁𝗿𝗼 𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝗮 𝗱𝗼́𝗻𝗱𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮́𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗹𝗮𝗱𝗼𝘀.



Muchas organizaciones dicen que quieren talento excepcional…


Pero premian la obediencia promedio.


Porque cuestionar incomoda.


Y proponer cambios expone ineficiencias.



Después de años trabajando en proyectos, equipos y liderando iniciativas, entendí algo:


- 𝗘𝗹 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗻𝗼 𝘃𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗿𝗴𝗼. 𝗩𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱.


- No necesitas ser gerente para generar impacto.


- Necesitas dejar de actuar como espectador de tu propio trabajo.



Si tu mayor logro del mes fue “sobrevivir a las reuniones”…


 Probablemente estás ejecutando. No impactando.




 
 
 

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