𝗟𝗔𝗦 𝗘𝗠𝗣𝗥𝗘𝗦𝗔𝗦 𝗡𝗢 𝗦𝗜𝗘𝗠𝗣𝗥𝗘 𝗣𝗜𝗘𝗥𝗗𝗘𝗡 𝗣𝗥𝗜𝗠𝗘𝗥𝗢 𝗔 𝗦𝗨𝗦 𝗣𝗘𝗢𝗥𝗘𝗦 𝗘𝗠𝗣𝗟𝗘𝗔𝗗𝗢𝗦.
A veces hacen algo mucho más interesante: 𝗾𝘂𝗲𝗺𝗮𝗻 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗲𝘀.
El procedimiento es bastante sencillo. Identificas al que resuelve.
Ese que cuando todo se incendia no pregunta: ¿Quién fue?
Pregunta: ¿Qué necesitamos hacer? Grave Error.
Acabas de desbloquear un nuevo nivel de responsabilidades.
Existe una regla no escrita en muchas organizaciones:
𝗦𝗶 𝗵𝗮𝗰𝗲𝘀 𝗯𝗶𝗲𝗻 𝘁𝘂 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼, 𝗲𝘃𝗲𝗻𝘁𝘂𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿𝗮́𝘀 𝗲𝗹 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝘁𝗮𝗻 𝗯𝗶𝗲𝗻.
¿Resolviste un problema que nadie podía resolver? Perfecto. A partir de hoy ese problema también es tuyo.
¿Ayudaste a otro departamento? Maravilloso. Felicidades por tu nueva responsabilidad no oficial.
¿Salvaste un proyecto? Excelente desempeño. Ahora eres oficialmente el bombero corporativo. Y probablemente ganaste otra reunión adicional en tú agenda.
- Te lo pedimos porque confiamos en ti.
- Sabemos que tú sí lo sacas.
- Necesitamos a alguien comprometido.
Frases hermosas. Casi motivacionales.
Hasta que las escuchas por enésima vez, mientras observas cómo algunos compañeros alcanzaron hace horas ese mítico concepto llamado: fin de jornada, después de charlar varios minutos u horas durante la jornada con el compañero de al lado ó paseando con la taza de café en mano 🐓 .
El problema no siempre está en el empleado que acepta demasiado.
También está en quienes lideramos equipos. Porque cuando encontramos a alguien extraordinariamente confiable, existe una tentación peligrosa:
- Convertir su compromiso en capacidad instalada.
- Dejamos de preguntarnos cuánto puede cargar… porque ya demostró cuánto puede aguantar.
Y no es lo mismo.
Un colaborador comprometido puede rescatar una emergencia.
Pero si necesita rescatar una emergencia cada semana, probablemente ya no tenemos una emergencia.
𝗧𝗲𝗻𝗲𝗺𝗼𝘀 𝘂𝗻 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗹𝗼 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼.
Y algún día ocurre algo aparentemente inexplicable. Esa persona renuncia.
Entonces comienzan las preguntas: ¿Pero por qué?, Parecía muy comprometido., Nunca se quejó. Siempre estuvo disponible.
Quizá esas eran las señales.
Las empresas no siempre pierden primero a quienes menos aportan. A veces pierden a quienes llevaban demasiado tiempo sosteniendo cosas que nunca debieron depender exclusivamente de ellos.
a) Un buen líder identifica a las personas que resuelven.
b) Uno mejor procura no castigarlas por hacerlo bien.
Hay una manera bastante eficiente de perder a tu mejor gente: Convertirlos en la solución permanente de todos tus problemas.
Si se necesita contratar a tres personas para reemplazar a una, quizá acabas de descubrir que el problema nunca fue su falta de compromiso.
Era nuestra extraordinaria capacidad para abusar de él.
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